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Regla Vida Asuncionista
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Última actualización el Jueves, 26 de Mayo de 2011 04:22 Escrito por San Juan Evangelista Martes, 12 de Abril de 2011 18:45
REGLA DE VIDA
DE LOS
LAICOS ASUNCIONISTAS
COMPLETA
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“Ante todo, hermanos carísimos, amad a Dios y después también al prójimo, porque estos son los mandamientos que principalmente se nos han dado”. (San Agustín) “Tomamos por lema estas palabras del Padrenuestro: ADVENIAT REGNUM TUUM. Y las del oficio divino: PROPTER AMOREM DOMINI NOSTRI JESUCRISTI. (P. d’Alzon, Constituciones de 1865, I, 1) “El espíritu de la Asunción se resume en estas pocas palabras: El amor a nuestro Señor, a la Santísima Virgen, su Madre, y a la Iglesia, su Esposa”. (P. d’Alzon, Directorio, I, 1)
CAPÍTULO I
Nº 2.– Jesucristo es el centro de nuestra vida. Nos comprometemos a seguirle en la fe, la esperanza y la caridad. Como él, testigo del amor del Padre y solidario con los hombres, los Laicos Asuncionistas queremos ser hombres y mujeres de nuestro tiempo. Nº 3.– Cristo nos reúne. Formamos comunidades siguiendo el espíritu de San Agustín. Buscamos una vida fraterna hecha de franqueza, cordialidad y sencillez. Pretendemos ser hombres y mujeres de oración fieles a la Iglesia. Con ella nuestras comunidades celebran su fe y se abren al Espíritu con vistas a su misión.
Tenemos que dar pruebas de audacia, iniciativa y desprendimiento, guardando fidelidad a la enseñanza y a las orientaciones de la Iglesia. Es nuestro modo de participar en su vida y en su misión. Nº 5.– Fieles a la voluntad del P. d’Alzon, nuestras comunidades están al servicio de la verdad, de la unidad y de la caridad. Así anuncian el Reino. CAPÍTULO II Nº 6.– Llamados por Cristo, fuente de nuestra unidad, optamos por vivir conforme al espíritu de San Agustín, para que venga su Reino. El advenimiento del Reino de Jesucristo para nosotros y para el prójimo se realiza ya en nuestra vida comunitaria. Por muy dispersos que estemos en razón de nuestro estilo de vida y del apostolado, participamos en la vida y en la misión de la comunidad.
Si anteponemos la escucha benévola y el respeto a las personas a cualquier divergencia de opinión, diferencias de origen, de edad, de mentalidad o salud, nuestra diversidad se trasforma en riqueza. Nº 9.– La vida de las comunidades laicales Asuncionistas exige encuentros periódicos que nos permiten evaluar nuestra espiritualidad y trabajo apostólico.
- Evaluación periódica de las actividades de cada comunidad. - Revisión de vida comunitaria para compartir nuestras experiencias cotidianas a la luz de la fe. - Rehaciendo nuestras fuerzas y nuestra unidad en la oración en común, sobre todo en la celebración de la Eucaristía.
Nº 12.– Vivida así, nuestra vida común da plenitud a la vocación de cada laico asuncionista. En un mundo dividido, testifica que Cristo está vivo entre nosotros y que realiza nuestra unidad en orden al anuncio del Evangelio. CAPÍTULO III Nº 13.– El apostolado de nuestra asociación laical asuncionista inserta a nuestras comunidades en la misión de la Iglesia: congregar a todos los hombres en el Pueblo de Dios. Nuestra divisa: Venga tu Reino nos impulsa a trabajar por el advenimiento del reino de Dios en nosotros y en el mundo. Como el Padre lo envió, así Cristo nos envía con la promesa de su Espíritu a servir a nuestros hermanos mediante la proclamación del Evangelio.
Solidarios con sus aspiraciones y sus esfuerzos, participamos en la venida de un mundo más justo más fraterno.
En virtud de la vocación propia de la Asunción debemos estar siempre disponibles y ser capaces de inventiva.
Sanos y enfermos, jóvenes o ancianos, cada uno según su vocación y su situación, todos compartimos con nuestros hermanos esta misión apostólica.
- Apertura de espíritu y de corazón a los valores culturales, sociales y religiosos de los diferentes ambientes humanos. - Voluntad tanto de recibir como de dar, con estima y respeto mutuos. - Preocupación de formación, competencia y adaptación. - Esfuerzo de iniciativa y de inventiva. - Celo apostólico, amor al trabajo, franqueza y audacia. Nº 21.- Verificaremos con regularidad la calidad de nuestro servicio apostólico; estudiaremos las opciones y adaptaciones necesarias. Nuestras preferencias y nuestras aptitudes personales serán tomadas en cuenta; pero confrontadas en todo momento con las orientaciones y prioridades de nuestro estado de vida como laicos y con las llamadas de nuestras comunidades.
CAPÍTULO IV Nº 23.– En un mundo en el que compartimos la búsqueda y el esfuerzo de los hombres por llegar a ser plenamente hombres, reconocemos en Jesucristo al hombre perfecto, encontramos en Dios la razón más poderosa de nuestro vivir y de nuestro actuar. De todos quiere Dios hacer su pueblo, sus amigos, sus hijos.
POBREZA Nº 26.– En un mundo en el que el apego a los bienes materiales y su injusta distribución son fuente de división y de odio, testificamos que Dios es nuestra verdadera riqueza y nos quiere solidarios con los pobres. Asumiendo la porción de trabajo que nos corresponde en medio de los hombres, queremos participar en la promoción de las personas y de los pueblos con vistas al Reino.
Cristo nos invita a confiar en el Padre que da la tierra a todos. Quiere que los hombres la compartamos entre nosotros pues todos somos hermanos. Este hecho constituye para nosotros una llamada a compartir lo que somos y tenemos para el servicio de los demás. Esto nos exige un desprendimiento verdadero de cualquier forma de posesión para alcanzar una mayor libertad y ponernos del lado de los pobres y oprimidos.
La información mutua, la participación activa en las decisiones y el compartir las tareas nos obliga a todos.
CASTIDAD Nº 33.– Creado para amar y ser amado, el hombre realiza su vocación de amor bajo múltiples formas. Siguiendo a Cristo, totalmente al servicio del Padre, elegimos la castidad con vistas al Reino. Orientamos hacia Dios todo el amor que podemos dar y recibir.
Vivida en la acogida del otro y del don de sí mismo, la castidad manifiesta el sentido profundo del amor humano y su vocación última.
Cuanto más amemos como Cristo, mejor podremos vivir, bajo su mirada, nuestras relaciones humanas; y más sensibles seremos a las alegrías, los sufrimientos y las inquietudes de los hombres.
Nº 37.– La fidelidad a este compromiso exige una educación humana y espiritual. Requiere intimidad con Cristo, así como prudencia, dominio de sí, vida equilibrada y sensatez en el uso de los medios masivos de comunicación social.
Nº 38.– Nuestra castidad, vivida con serenidad y alegría, según nuestro estado de vida, es signo del Reino y anuncia el día “en que Dios será todo en todos”. OBEDIENCIA Nº 39.– La solidaridad y mutua dependencia son el camino de liberación y realización para todo hombre. El evangelio nos invita a asumir dichas vinculaciones en la sumisión al Padre y el amor fraterno. A la voluntad de poder y al repliegue egoísta sobre sí mismo, contraponemos la atención a los pequeños y el servicio a los demás. De este modo, frente a las esclavitudes e indiferencias culpables, procuramos dar testimonio de la verdadera libertad en el Espíritu. “Llamados a la libertad” deseamos “servirnos unos a otros por amor”. (Gal 5, 13).
La obediencia que nos une estrechamente a la Iglesia, se la debemos también al Santo Padre, siempre fieles a nuestra vocación laical.
El coordinador es el hermano que ayuda a la comunidad laical a construirse día tras día. Recuerda a sus hermanos las convicciones y decisiones de la comunidad asuncionista religiosa y laica. A veces estimula a una fidelidad más exigente al Evangelio. Tras una búsqueda común o un diálogo personal, presta a todos el servicio de la decisión, con la autoridad que le confiere su función. Siempre respetando la vocación personal de cada uno.
CAPÍTULO V Nº 44.– Como el P. d’Alzon, hombre de fe, reconocemos la necesidad de la oración. Esta nos abre a la acción de Dios. La oración es la fuente siempre renovada de nuestra acción apostólica.
A su vez, la oración nos procura intimidad filial con Dios, vigor en la fe y generosidad en la acción.
Nº 48.– Después de Cristo, nuestro único mediador, la Virgen María ocupa en nuestra oración un lugar privilegiado, por ser madre del Señor y su humilde esclava en el plan de Redención. Con ella contemplamos los misterios del Verbo hecho carne, en especial con el rezo del rosario.
Nº 50.– La oración cuestiona nuestra vida a la luz del Evangelio. Debemos interrogarnos sobre cómo nuestra vida se encarna en la oración y cómo la oración incide en nuestra vida y en la de la comunidad.
Nº 52.– Cada laico asuncionista debe poder contar con sus hermanos para encontrar con ellos condiciones favorables para la oración: recogimiento, apoyo mutuo, un lugar adecuado, espíritu de libertad y creatividad. Nº 53.– En una reunión periódica de planeación, la comunidad Asuncionista, determinará la estructura de las juntas; los tiempos de oración; buscando hacer de la Eucaristía, el centro y culmen de nuestras vidas, volcando en ella los proyectos, logros y esperanzas. Todos comparten su responsabilidad.
- Un tiempo personal de oración, meditación y adoración al Santísimo Sacramento. - En especial, debe procurar tiempo para la participación en la Eucaristía, que es centro y culmen de nuestra vida cristiana. Tendremos siempre presente que “para nosotros contemplación y acción se unen en un mismo fin: servir a la extensión del Reino de Jesucristo”. (P. Manuel d’Alzon, Directorio, E. S., p. 79). ESTATUTOS DE LA HERMANDAD DE LAICOS ASUNCIONISTAS El primer fin de nuestra hermandad e su crecimiento en y para la comunidad. Somos una comunidad de fe, esperanza y caridad para el advenimiento del Reino, en y a través de nosotros. Nuestra espiritualidad se encuentra contenida en esta Regla de Vida, en los escritos del Manuel d’Alzon y de San Agustín nuestros padres. Nº 1.– Constitución. Nuestra hermandad esta formada por diversas comunidades laicas inspiradas en el padre Emmanuel d’Alzon, con amplia variedad de apostolados.
2.1. Consejo. El consejo está integrado por los siguientes puestos: a) Un coordinador. b) Un vicecoordinador. c) Un tesorero d) Un secretario. e) Los vocales que se juzguen convenientes, de acuerdo con el número de comunidades apostólicas integradas.
La primer mesa de gobierno o directiva, durará un periodo de dos años, para consolidar el arranque. A partir del tercer año, se renovará anualmente pudiendo ser reelegidos por otro año un máximo de la mitad de sus miembros.
La renovación de la mesa directiva, se hará convocando a una asamblea general, en la que mediante voto secreto, se elegirá a los ocupantes de cada puesto. Si por causas de fuerza mayor uno de los cuatro miembros tuviera que abandonar su puesto, los restantes elegirán a quién lo sustituirá de entre la comunidad.
Los integrantes del consejo se reunirán por lo menos, cada dos meses, en el lugar, fecha y orden del día previamente acordados.
Coordinar y dirigir el desarrollo de las comunidades (que formen parte de la hermandad), en su vida espiritual y apostólica de acuerdo a la Regla de Vida aceptada por los Laicos Asuncionistas.
3.1. La formación impartida a los aspirantes e integrantes de la hermandad de Laicos Asuncionistas deberá cumplir con las siguientes características: Ser continua, integral, d’Alzoniana y Agustiniana. 3.2. Para tomar el primer compromiso, el periodo de formación no deberá ser menor a dos años, contemplando una reunión de dos horas quincenalmente. 3.3. Para renovación del compromiso se harán programas semestrales o anuales según lo decida la mesa directiva o de gobierno.
4.1. Para mantener su espíritu y sus obras, se hará un compromiso con la Iglesia y con la hermandad, por un año renovable.
5.1. Saldrán de la vida de la comunidad. 5.2. Deberán ser aprobadas por el consejo. 5.3. Los diversas comunidades entregarán reportes periódicos de sus actividades al consejo directivo. Nº 6.– Economía. 6.1. El consejo será el responsable de conseguir los fondos necesarios para la realización de las distintas obras. Estas se manejarán con presupuestos aprobados. 6.2. Todos los miembros serán corresponsales de la obtención de fondos. Nº 7.– Las Comunidades laicales integradas. 7.1. Reuniones. En la agenda de sus reuniones periódicas cada comunidad deberá incluir: a) La Palabra. b) Un pequeño estudio sobre el fundador de la Asunción, el P. d’Alzon. c) Intercambio de experiencias en la labor efectuada. d) Oración y acción de gracias.
Los Laicos Asuncionistas JUNTOS: Jesucristo está en el centro de nuestra vida. Queremos el desarrollo de todo el hombre. “¡VENGA TU REINO!” La oración es la fuente siempre renovada de nuestra acción apostólica. Reconocemos su necesidad. Juntos buscamos, en virtud de la vocación propia de la Asunción, estar siempre disponibles, ser capaces de creatividad e inventiva. Verificamos con regularidad la calidad de nuestro servicio apostólico, así como su carácter doctrinal, social y ecuménico. A los Laicos Asuncionistas el Espíritu nos llama a dar un paso más en la colaboración con los religiosos. Esta DECLARACIÓN es un primer paso. Nos comprometemos a trabajar juntos |








